El director cubano, Humberto Solás, quiso hacer una película en la que se encarnase la esencia de Cuba en tres períodos diferentes mediante tres personajes femeninos diferentes:
·Lucía, una aristócrata madura y patriota cubana que apoya la lucha de su pueblo durante la Guerra de Independencia de 1895.
·Lucía, una madre soltera de clase media que se enamora de un revolucionario y lucha clandestinamente contra la represión política durante el gobierno de Gerardo Machado, allá en el 1933.
·Lucía, una campesina analfabeta que lucha contra la tiranía de un marido celoso y machista para, posteriormente, unirse a la incipiente revolución cubana. Todo esto tendría lugar en la década de 1960.
Lo curioso de esta película es el protagonismo que toma la figura de la mujer en un ambiente bélico y revolucionario. Se podría decir que esta película constituye uno de los primeros brotes de feminización del cine, esa lucha embrionaria por un espacio que corresponde a la mujer y además apoyada por el hombre, en este caso, su director. No obstante, también es cierto que la película, sobre todo en la primera parte (Lucia 1900), sigue pecando de estereotipos que subyugan a la mujer.
Para empezar, uno de los elementos más interesantes es la analogía que establece Solás entre la mujer y Cuba, un territorio colonial. Lucía es un simple peón en mitad del debate nacionalista, su papel es el de un mero objeto, no un sujeto activo de la historia.
Las tres Lucías distintas comparten la vulnerabilidad femenina en situaciones críticas de la historia de Cuba. Todas ellas son reservas espirituales de la nación y sus historias se encaminan hacia el cumplimiento de una profecía ya cumplida, la revolución castrista. Ésto, que podría parecer algo positivo para los tres personajes, se convierte en una condena ya que ninguna es dueña de su destino ni puede redimirse a sí misma. Únicamente la revolución es la que redimirá a las mujeres y, por tanto a Cuba.
Partiendo de estas premisas, ya nos va quedando claro que la característica femenina por excelencia es tomada como la capacidad de servir y obedecer voluntariamente, de encarnar los valores que cada gobierno quiere establecer como identidades nacionales. Pocos medios son tan efectivos como el cine para poner en circulación a la mujer cual metáfora de la nación.
Lucía, según su propio director, "No es una película sobre mujeres, es una película sobre la sociedad". Después, el propio director añade "Pero dentro de esa sociedad, escogí al personaje más vulnerable, el que se ve más transparentemente afectado en cualquier momento dado por contradicciones y cambios".
A pesar de que el director no tiene intención de dogmatizar a la mujer como debe ser o es, la escoge y la define en cuanto a su vulnerabilidad.
En el primer capítulo, como ya he dicho, Lucía representa a Cuba pero también representa a la mujer. Representa a Cuba tanto en que es una víctima de la potencia imperial y, por otro lado, representa esa figura femenina cuya redención está fuera de su alcance. Sólo las fuerzas masculinas encarnadas en los mambises son capaces de salvarla.
Durante toda la película se ve a una mujer pasiva, que es guiada por el hombre, ya sea a la revolución como al amor, como a la locura. Todo lo que le ocurre a la mujer son los efectos que los hombres, los sujetos activos, producen:
-Fernandina, una monja que santificaba a los muertos en combate, es violada y traumatizada por los hombres.
-Lucía, una mujer madura de clase alta, es seducida y traicionada por un hombre. Ésto la conduce a la locura irremediablemente.
-La segunda Lucía, se une a la revolución enamorada de un hombre opositor al gobierno. Es él quien la guía en su lucha.
Quizás es la tercera parte la más realista, la que verdaderamente muestra el papel de la mujer en una sociedad opresora y oprimida. Sin embargo, durante los tres capítulos tenemos una sensación descompensada, nos quedamos con una idea subconsciente acerca de las relaciones de poder entre los sexos. Mientras que una tierra víctima, vulnerable y maltratada rodea al cuerpo de la mujer, el nacimiento de la lucha machete en mano y el nacimiento de una nueva nación aparece en términos totalmente masculinos. La mujer es tratada como una especie de pecado original.
Si el concepto de colonia se ha feminizado en su vertiente de víctima y el concepto de liberación se ha masculinizado, la única conclusión a la que se puede llegar es que la mujer es el talón de Aquiles de la historia de Cuba.
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